Escrito por @Majise Manuela Jiménez Serna, Chief Mystic Officer Alkimistika
En tiempos de incertidumbre, como los que hemos vivido en los últimos años, la capacidad de innovar se convierte en un recurso cada vez más necesario para las personas, los equipos y las organizaciones. La innovación no solo implica la creación de nuevos productos o servicios para generar valor, sino también la transformación de la mentalidad colectiva para aprovechar el uso de nuevas formas de pensar, sentir y actuar frente a los desafíos.
Vivimos en un entorno BANI (Brittle, Anxious, Nonlinear e Incomprehensible) en español, frágil, ansioso, no lineal e incomprensible; lo que hace que las viejas soluciones dejan de ser efectivas. Por eso es fundamental cultivar una mentalidad de innovación, apalancada en una cultura que facilite el desarrollo de las habilidades necesarias para prosperar en un entorno impredecible.
¿Por qué hacerlo? Diferentes estudios demuestran cómo la incertidumbre se convierte en un catalizador de la transformación, pues en lugar de ser un obstáculo, se vuelve una oportunidad para fortalecer una mentalidad de innovación. Según Roper y Love (2002) las crisis pueden estimular la innovación, ya que las organizaciones enfrentan presiones externas que las obligan a buscar soluciones creativas. Por su parte, McKinsey & Company descubrieron en una investigación, que el 70% de las transformaciones organizacionales fracasan debido a la falta de adaptación cultural. Estudios como el de Gartner, 2021 indican que las empresas más innovadoras invierten el doble en tecnología durante tiempos de crisis, lo que les permite capitalizar las oportunidades que otros pasan por alto. Así mismo, un estudio de la Universidad de California manifiesta que el 52% de las personas experimentan un aumento en la creatividad durante la incertidumbre cuando se les proporciona un entorno que promueva la resiliencia y la flexibilidad. En otras palabras es fundamental aprovechar la incertidumbre para cultivar una mentalidad innovadora.
Sin duda, podemos decir que la incertidumbre es un catalizador natural para el cambio. Tan solo tendremos que recordar las épocas de la pandemia de COVID-19 y como la gran mayoría de empresas lograron reinventarse de la noche a la mañana, adaptándose rápidamente al trabajo remoto, acelerando la transformación digital y desarrollando nuevos modelos de negocio. Esto se dio por qué en tiempos de crisis, los problemas salen a la superficie, se hacen mucho más evidentes, obligando a los individuos y organizaciones a repensar sus estrategias.
La incertidumbre es también una prueba ácida para las culturas organizacionales. Aquellas empresas que tienen una cultura más rígida y que dependen de procesos establecidos tienen una mayor resistencia al cambio y se les dificulta adaptarse, en comparación con aquellas que promueven la flexibilidad y la creatividad. Según un estudio de Harvard Business Review, las organizaciones que fomentan la experimentación y la toma de riesgos tienen más probabilidades de innovar y tener mejores resultados durante tiempos difíciles.
Y entonces ¿Cómo cultivar una mentalidad de innovación?
En Alkimistika seguimos una ruta para ayudar a las organizaciones a lograr una verdadera transformación de la mentalidad.
Paso 1: Tomar consciencia
No se puedo cambiar aquello que no se conoce y mucho menos lo que no se reconoce. Como lideres es fundamental reconocer que los enfoques tradicionales pueden no ser suficientes para las nuevas realidades. La era de la disrupción, ya es un fenómeno del pasado y todos los días aparecen nuevas y mejores soluciones. Por eso es fundamental desarrollar una mentalidad que permita anticipar el cambio y adaptarse rápidamente. Como decía Clayton Christensen, profesor de Harvard y autor de The Innovator’s Dilemma, las empresas exitosas tienden a ser aquellas que pueden crear nuevos mercados o transformar mercados existentes y solo aquellas que son conscientes de esta realidad empiezan a pensar en el camino para lograrlo.
Paso 2: Encontrar las motivaciones
Para fomentar una mentalidad innovadora, es crucial identificar qué motivaciones o necesidades intrínsecas y extrinsicas impulsan a los individuos y a los equipos para trabar por un resultado. Esto implica conectarse con un propósito superior que se encuentre anidado a un propósito individual en donde los trabajadores desarrollen sus laborales sintiendo una conexión profunda con sus deseos y entendiendo el para qué de lo que hacen. Para lograr esa conexión con el propósito, las organizaciones deben dar una pauta desde la identificación de retos y definición de comportamientos a desarrollar en la organización, que conecten con las realidades de los humanos que trabajan en ellas. A partir de allí crear un entorno que estimule la innovación y una buena forma es utilizar la teoría del canal de flujo, propuesta por Mihaly Csikszentmihalyi, en donde se establece que las personas son más creativas y productivas cuando encuentran un equilibrio entre el desafío y sus habilidades. Un equipo motivado, es un equipo en flujo y este se alcanza cuando los retos son lo suficientemente desafiantes como para mantener el interés, pero no tan difíciles como para generar frustración.
Paso 3: Enfocar los esfuerzos
Como dice el popular refrán, “el que mucho abarca, poco aprieta” y en la creación de una mentalidad innovadora funciona igual. Es super necesario definir un foco, un norte, trazar un camino y apostar por ese camino sin desviarse. Esto permite que las personas y los equipos se enfoquen en lo verdaderamente importante y con esto puedan priorizar sus esfuerzos hacia aquellos elementos que generan más valor para todos los usuarios. Muy bien lo dice la investigadora Teresa Amabile, al mencionar que un enfoque dirigido y metódico hacia la innovación permite que las organizaciones gestionen mejor sus recursos y aumenten la probabilidad de éxito.
Paso 4: Convertir la innovación en hábito
Este, tal vez es el paso que más trabajo requiere. Pues la innovación no debe ser vista como la responsabilidad de un área o algunos pocos, sino por el contrario como un hábito que se cultiva a diario, una forma de trabajo que adoptan todos los miembros de la organización. De manera que, no solo se hable de innovación en proyectos disruptivos o transformacionales, sino que todo lo que se haga se realice de una manera innovadora, enfocándose en la generación de valor. Sin importar el área o el proceso o proyecto, se pueden incluir diferentes elementos de la mentalidad innovadora para lograrlo. Esto implica que si por ejemplo, se va a realizar una contratación, esta se haga de manera innovadora, entendiendo el reto, los usuarios, generado ideas diferentes y ambiciosas y experimentando alternativas que piensen en el beneficio de todos.
A nivel individual se trabaja en hábitos, mientras que para equipos hablamos de costumbres y en las organizaciones le llamamos cultura, una serie de hábitos y costumbre comunes para las corporaciones y todo esto para qué: para que al cabo de un tiempo todas estas costumbres se transformen en creencias que al final son una serie de convicciones que las personas consideran ciertas y pueden Influir en la toma de decisiones y la forma cómo se percibe el mundo.
Aquí algunas claves en el proceso de crear hábitos de innovación
- Enfocarse en el comportamiento humano
El cambio de mentalidad comienza en la base, es decir los comportamientos y conductas humanas. Según el modelo de cambio de comportamiento de BJ Fogg, profesor de la Universidad de Stanford, los humanos nos movilizamos por tres factores: motivación, capacidad y desencadenantes. Si seguimos estos factores para fomentar la innovación, hablaríamos de 1. la necesidad de aumentar la motivación, como ya lo mencionamos arriba; 2. mejorar la capacidad a través del desarrollo de habilidades y 3. crear estímulos que impulsen a la acción. - Moverse al ritmo del consumidor
Las empresas con mejores resultados en tiempos de incertidumbre son aquellas que se mantienen atentos a las necesidades cambiantes de los consumidores. Por fortuna, esta época podemos aprovechar que contamos con todos los datos suficientes para entender a nuestros consumidores y su necesidad de nuevas experiencias y a partir de esta información tomar decisiones basadas en hechos. - Fomentar los Power Skills
Mucho se habla del desarrollo de habilidades blandas, en Alkimistika trabajamos con power skills, aquellas habilidades que permiten alcanzar un mayor impacto y éxito en los procesos. Cuando hablamos de crear hábitos para una mentalidad innovadora aparecen habilidades clave como la curiosidad, diversidad, anti fragilidad, flexibilidad, adaptación entre otras. Estas son capacidades que se pueden fomentar combinado con una mentalidad de crecimiento. De acuerdo con Carol Dweck, psicóloga de la Universidad de Stanford, las personas que adoptan una “”mentalidad de crecimiento”” (Growth Mindset) tienen más probabilidades de adaptarse a los cambios y prosperar en entornos inciertos, en otras palabras es posible desarrollar habilidades con esfuerzo y práctica.
Paso 5. Crear comunidades de práctica y gestión del conocimiento
El último paso para cultivar una mentalidad de innovación empieza por gestionar el intercambio de conocimiento y el aprendizaje continuo. En los últimos años han tomado relevancia las comunidades de práctica, en las cuales se reúnen a personas con intereses y objetivos comunes para fomentar la innovación colaborativa. Aprovechar este tipo de comunidades e incentivar a sus miembros para se encarguen de su gestión, desahogo colectivo y búsqueda de mejores prácticas puede ser de gran ayuda, además de la implementación de sistemas de gestión del conocimiento en donde se fomente el compartir de lecciones aprendidas, se cuenten historias, entre otras y todo esto se convierta en un ritual utilizado por la organización para gestionar la mentalidad innovadora.
En Conclusión, en tiempos de incertidumbre, la mentalidad de innovación no es solo una ventaja competitiva, sino una necesidad. Desde Alkimistika, invitamos a las organizaciones a seguir los 5 pasos para prosperar en entornos inciertos de manera que no solo se transforme al individuo sino también a la organización.”

