Por Luis Angel Carmona Tache, @luiscarmonatache Consultor Financiero ALKIMISTIKA. Fundador Grupo Valutare (www.valutarefinance.com)
Durante mucho tiempo, las empresas han operado con un enfoque claro: maximizar la rentabilidad. Este objetivo, conocido en finanzas como el Objetivo Básico Financiero, se enfoca en aumentar el valor para los accionistas y maximizar las utilidades. Indicadores como el Valor Económico Agregado (EVA), que mide el valor creado por una empresa después de cubrir el costo de su capital, y otros indicadores financieros como el Retorno sobre la Inversión (ROI) o el Margen de Beneficio han sido los principales barómetros del éxito empresarial. Sin embargo, el contexto económico, social y ambiental del siglo XXI ha generado una presión cada vez mayor para que las empresas reconsideren qué significa verdaderamente “tener éxito”.
La tensión entre rentabilidad y sostenibilidad
La rentabilidad sigue siendo esencial, pues permite a las empresas crecer, reinvertir y mantener competitiva su operación. Sin embargo, este enfoque puede ser limitado si no se considera la sostenibilidad. El mundo enfrenta desafíos globales como el cambio climático, la escasez de recursos y las crecientes desigualdades sociales, y las empresas tienen una responsabilidad ineludible de contribuir a solucionarlos. En este contexto, surge la necesidad de redefinir el éxito empresarial, poniendo la sostenibilidad al mismo nivel que la rentabilidad.
Los indicadores financieros nos ayudan a medir el éxito en términos económicos, pero hay momentos en que, para asegurar la viabilidad a largo plazo, se requiere un enfoque más holístico. Pensar en sostenibilidad no significa olvidar la rentabilidad, sino integrar ambas. Empresas que se concentran únicamente en maximizar utilidades a corto plazo, sin considerar el impacto ambiental o social de sus operaciones, pueden sufrir graves consecuencias en el futuro: sanciones regulatorias, pérdida de reputación o agotamiento de recursos naturales esenciales para su negocio.
Sostenibilidad como estrategia de valor
Integrar la sostenibilidad en el modelo financiero no solo es una responsabilidad ética, sino también una estrategia de valor. El Valor Económico Agregado (EVA), por ejemplo, puede ampliarse para incluir elementos de sostenibilidad. Inversiones en eficiencia energética, reducción de emisiones de carbono, o prácticas de trabajo justas pueden representar costos iniciales, pero a largo plazo generan ahorros operativos, mejoran la reputación de la marca y reducen riesgos legales y regulatorios. Esto, a su vez, aumenta el valor para los accionistas de manera sostenible.
De hecho, estudios han demostrado que las empresas con prácticas sostenibles son más resilientes a las crisis económicas. Esto se debe a su capacidad para adaptarse a cambios regulatorios y su enfoque a largo plazo, lo cual crea valor en múltiples dimensiones. Por ejemplo, reducir la dependencia de recursos no renovables puede disminuir el costo de insumos a lo largo del tiempo, mientras que una sólida responsabilidad social corporativa puede atraer a consumidores conscientes y leales.
Repensar el éxito
A medida que las empresas avanzan hacia un enfoque más sostenible, es vital recordar que los indicadores financieros tradicionales siguen siendo útiles, pero no son suficientes por sí solos. El verdadero éxito no solo se mide por el crecimiento de las utilidades o el aumento en el EVA, sino también por el impacto positivo que la empresa tiene en su entorno y su capacidad para operar sin comprometer los recursos y oportunidades de las generaciones futuras.
Pensar en sostenibilidad no es “olvidarse” de la rentabilidad, sino reconocer que ambas van de la mano. El objetivo es equilibrar los retornos económicos con una gestión responsable del impacto social y ambiental. Las empresas que logren encontrar este equilibrio no solo prosperarán financieramente, sino que también asegurarán su permanencia en un mundo que cada vez demanda más compromiso con el bienestar común.
Transformando la empresa y el mundo
El equilibrio entre rentabilidad y sostenibilidad no es un reto, es una oportunidad. Una oportunidad de crear organizaciones que no solo prosperen financieramente, sino que también lideren con propósito. Al encontrar ese balance entre lo económico y lo sostenible, las empresas no solo se aseguran de tener éxito, sino que se convierten en alquimistas del cambio, transformando cada desafío en una oportunidad de crecimiento colectivo.
Porque al final, la verdadera riqueza no reside solo en los números, sino en la capacidad de dejar un legado que trascienda generaciones, un impacto positivo que inspire y transforme al mundo. Esta es la nueva fórmula del éxito: rentabilidad + sostenibilidad = impacto duradero. ¿Estás listo para ser parte de esta alquimia?

